martes, 10 de junio de 2008

"La última llamada"

HUYENDO DE CASA. Luz se encontraba bastante lejos de su casa. Salió pretextando que iría a hacer un trabajo para su centro de estudios; así que su madre no puso la cara proverbial de pocos amigos cada vez que su hija se ausentaba considerables horas de su morada. Con un acostumbrado beso en la mejilla la intrépida jovencita partió dejando atrás la fachada mal pintada y polvorienta que da la bienvenida y el adiós a todo aquel que se aventura a visitarla; ya que su abuelita y su mamá aún discuten en el color que debe dar el saludo a su hogar.

LA GRAN TRAVESÍA. Había sido una tarde mágica; las casi tres horas de viaje para llegar a Huaycán habían valido la pena sobremanera, tal vez se habría podido disfrutar más el tiempo si es que Felipe no viviera tan lejos de Barranco. Pero eso sin duda hacía que el encuentro sea más excitante.
Verse alejada de “Lima la Horrible” o “La Lima de ensueños” para otros, llenaba de satisfacción a la joven chica de cortos pero enigmáticos 18 años; quien disfrutaba pasar largas horas con su “maestro y pareja” que con sus tres décadas de vida y sus apasionantes historias, era capaz de centrar el mundo de la adolescente tan solo en él.
Además de la excelente compañía de la tarde estaba librada por horas formidables del smog que emanan los carros viejos de la urbe a veces inconmensurablemente asfixiante.
Ya eran cerca de las siete de la noche y era momento de darle un final feliz a la historia de amor prohibido que Luz y Felipe profesaron esa tarde; así que ambos con una tenue sonrisa se levantaron de sus asientos dejando aún palpables las huellas de sus cuerpos calientes por el clima tan acogedor del lugar.
Salieron por la puerta de la cocina que los llevaba a un patio. En él, “Burro” y “Negro” se paseaban zigzagueantes por entre sus piernas, ambos perros de repente detuvieron la caravana y se vieron impacientes; con miradas al cielo, ladridos y hasta aullidos preocuparon al dueño de casa que estaba a unos metros de la puerta.
De pronto, Luz se halló entre peticiones a sus dioses y golpes de pecho en el piso imaginarios, aferrados a una columna de cemento que le daba el equilibrio y la serenidad necesarias en un caso como este, en el que la Tierra temblaba tan fuerte, que parecía que estaban fuera de la atmósfera y la gravitación se había extraviado en un pedazo del mundo.

Luz imaginó que estaba en alta mar a bordo de una nave a punto de naufragar; a lo lejos, clavado en sus retinas quedaron los rostros llenos de miedo de aquellos que veían hacia el cielo esperando que las nubes se descolgaran y cayeran sobre sus cabezas como grandes panes de hierro, sus tímpanos desgarrados con el llanto de niños asustados y madres desesperadas al ver a su alrededor ahora todo en tinieblas… hombres que ya no podían contener mas la fuerza por no llorar…
Luego de dos minutos de profundo pánico, el movimiento cesó.

HISTERIA COLECTIVA. Nunca en su vida había sido presa de tanto miedo y desesperación; al salir de casa por la mañana jamás hubiera imaginado a todo el mundo corriendo a su alrededor y después; contagiada por la impotencia de la población al no saber que hacer y unírseles en el nerviosismo que los acaecía, sobre todo al estar ella a extensas horas lejos de su familia.

Ya en Lima días después de lo trágicamente acontecido, Santiago; amigo de Luz, le contó que en Chilca; donde aún vive, todo estaba destruido; la parroquia, a la cual solía asistir con frecuencia, estaba prácticamente en ruinas. Lo único que quedaba en pie eran las estructuras de la vieja pero imponente construcción al igual que un par de piezas que se utilizaban para el culto en las misas.
La mayoría de casas no soportaron tamaño movimiento y se desplomaron.
Algunos empleados desertaron de su puesto de trabajo, clientes de supermercados abandonaron los productos comprados por la desesperación de salir del lugar, otros aprovechando la oscuridad cogieron lo que pudieron y salieron con la misma rapidez y sorpresa con que llegó el sismo.

VENGANZA DE LOS DIOSES. Para quitar un poco las tensiones Felipe lanzo un comentario: “los dioses conspiran contra nuestro amor… mi Luz”. La muchacha desesperada solo pensaba en que debía llegar a más tardar en una hora al encuentro con su madre; camino al paradero intento llamar a su casa pero, de nada servia haberle puesto fielmente saldo como cada mes a su celular, puesto que no existía señal alguna para formular una llamada por mas corta que sea. Tan pronto como se pudo los locutorios y teléfonos públicos se abarrotaron de gente angustiada por comunicarse, como si fuese la ultima llamada de sus vidas; sin embargo, en vano fue el apuro, ya que las telecomunicaciones habían colapsado.
Ya en el paradero quisieron subirse rápidamente a un bus, pero de inmediato fue abordado por decenas de transeúntes que iban en similar dirección. Minutos después treparon en una combi que a duras penas y de seguro a 30 kilómetros por hora pudo llevar a los pasajeros ya abordo hasta la plaza principal de Ate Vitarte. Todo el trayecto recorrido hasta entonces se vio deslucido por la falta de luz eléctrica que desataviaba a los habitantes de ese y probablemente otros poblados. La carretera central estaba en penumbras.

NEGOCIOS SON NEGOCIOS. Ese día fue textualmente el “agosto” de los choferes, tanto de buses como de taxis, quienes dispararon las tarifas sin importarles la urgencia con que queríamos trasladarnos.
De inmediato embarcaron un taxi que cobró más de la cuenta y tardó cerca de hora y media en llegar al distrito eternamente bañado por el mar.
Todas las vías de acceso rápido estaban congestionadas, las avenidas Larco, Arequipa y Arenales; mucho peor el centro histórico de Lima y aledaños. La radio del taxi informaba que el sismo de 7.5 grados en la escala de ritchert había dejado la carretera central bloqueada por el deslizamiento de un cerro y que la panamericana sur dejaba en evidencia al mar de Grau tocando a sus puertas.
Felipe se bajó unas cuadras antes de llegar, ya que no era conveniente que alguien que los conocía, los viera juntos y después la familia de Luz se enterara del encuentro clandestino.

MENTIRAS VERDADERAS. La inmadura señorita llegó por fin al encuentro con su familia; estaba nerviosa ya que no sabía a ciencia cierta cual era la historia que contaría. Pero dentro de todo se sentía mas tranquila al estar ya en su refugio con su familia.
Luz se sintió profundamente mal al ver a su madre sumamente preocupada y agradeciendo a Dios por traer sana y salva a su pequeña hija.
La casa estaba en sombras. Luz fue de inmediato a comprar velas y pilas para estar preparados ante cualquier ocurrencia.
Una vez puestas las pilas nuevas en la radio, sintonizó la emisora habitual de noticias.


“El epicentro fue a 60 km. Al oeste de Pisco, la zona más afectada, habiendo solo en ese sector del país cerca de 200 muertes. Cerro Azul, San Vicente de Cañete, Paracas, Guadalupe, Nazca, entre otras ciudades de Ica también fueron afectadas de gravedad”.

Tanto radio, televisión e Internet, nos mantuvieron constantemente informados de los hechos catastróficos que azotaron cruelmente la costa sur del país. Los corresponsales que cubrían la noticia desde el lugar de desastre narraban que las principales plazas se convirtieron en morgues y que la gente corría despavorida de sus casas por alerta de tsunami.
Ahora sabemos que 510 almas perecieron bajo escombros, que 1610 personas sufrieron daños físicos salvando de morir, que más de 80 mil personas han quedado en la calle tan solo con lo que llevaban puesto… y que las 370 replicas del sismo continuaron traumatizando a aquellos niños y jóvenes que vivían por primera vez un movimiento telúrico de tamaña magnitud.
Atrás quedaron los hermosos recuerdos en que Luz y Felipe acamparon en el balneario de Cerro Azul. Llegaron cuando el reloj caprichosamente daba las 11 de la noche y la luna se podía apreciar en todo su esplendor. Poco les importó el frío tenue de la hora avanzada y mucho menos saber que dormirían llenos de arena, ya que por las noches las duchas públicas yacían cerradas, así que de unos cuantos trotes llegaron mar a dentro y una hora más tarde… dormían felizmente salados.
Hoy; después del pánico y la histeria colectiva vivida… Luz, vuelve a ver al protagonista de esta trágica historia… el mar. Lo observa desde un alto pero no muy lejano mirador en Barranco, puede percibir su cambio, su transformación, su vaivén desventurado, su pesar por el desastre ocurrido… lo ve tristemente sola, ya que Felipe no está más a su lado.
Esta historia de amor no es como las que suelen terminar con un “colorín colorado” y un gran final feliz, la pareja clandestina ahora esta separada ya que la razón pudo mas que los sentimientos, esa tarde fue la última vez que juntaron sus labios en un dulce beso.
Esa fue la última noche en que hicieron el amor juntos…

REFLEXIONES SINCERAS. Ciertamente, muchos de los fallecidos la trágica noche de agosto, hubiesen querido hacer una última llamada de despedida a sus seres queridos, que de hecho ansiosos esperaban como la mamá de Luz, una señal de vida de su hija que sin saber yacía lejos del seno materno expuesta a mil y un peligros de los cuales no la hubiese podido rescatar, gracias a fuerzas superiores Luz no sufrió ningún daño físico… pero lo que si es seguro es que su sistema nervioso se vio bastante afectado en los meses que le siguieron al terremoto que era el primero en sus 18 años de vida.
Hoy solo nos queda guardar en la memoria esta terrible experiencia, tomar medidas de precaución para futuros casos de emergencia, en donde no podemos permitir que el pánico se apodere de nosotros y mucho menos la irresponsabilidad.
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