miércoles, 14 de diciembre de 2011

Porque tus besos siempre fueron trilces




No hace mucho rato que te fuiste, y contigo mis deseos mas lascivamente tiernos.
Si hago memoria; cosa que no me agrada del todo,
me doy cuenta que tu presencia ha estado tratando de forjarse en mi piel
y fraguar mis pensamientos bajo el dulce canto de las enredaderas sin nombre.

Tu faz ya no me toca oficialmente,
pero sin embargo, aun presencio tus desvaríos más viles,
todos, en la obscuridad de mi eterna luz incandescentemente indecente.

Te invite a irte, porque de lo contrario, jamás de hubieras ido de mi par…
Te obligue nuevamente a guardar en el baúl de los recuerdos sin nombre,
aquel triste poema que solo tiene un desenlace fatal.
Te orille a que intentes dormir,
 y en tus sueños, entrar a perturbarte y salir sigilosamente por tu costilla,
para que no sepas cuando me fui…

…ahora sola, en el vacio forzado de mi cama, te pienso por cuarta vez.
Deseo nuevamente tus besos sobre mis pies,
tus caricias bajo mis sábanas carentes de cobijo,
tus trilces besos que solo son fiel copia de nuestros amaneceres al pie del televisor antiguo de la sala de mi casa, el cual,
fue cómplice de nuestros desvaríos en aquellas madrugadas sin fecha conocida,
que esperan ser parte de un nuevo comienzo para el poema con final fatal.



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