jueves, 24 de noviembre de 2011

Nostalgia teatral


Percibo una extraña sensación de nostalgia,
mi mente recuerda los pasos que dimos en la arena
aquellas noches neblinosas y llenas de apareamientos inconclusos.

Quiero verte nuevamente suspirar hondo,
quiero volver a nadar en todas tus angustias,
quiero palpar tu sexo caliente y lleno de colores cálidamente ardientes,
quiero ver tus ojos retorcerce de placer al sentirse dentro de mi...
quiero que llegues al infierno sin nombre
y recuerdes perfectamente cada código de mi cuerpo,
cada detalle,
cada señal,
cada huella...
así, y solo así, sabremos como volver a encajar
nuestros sexos que yacen convertidos en piedra
por culpa del tiempo que nos hizo olvidar,
como ser parte uno del otro,
sin vernos y tocarnos jamáz.

Impurezas


El cielo del tiempo inmortal
hace sonar día a día
el crepúsculo mar de tu andar...

y tus cuidades etéreas e incandescentes,
me recuerdan al violeta de tu gente
que soñaba con el reloj de arena
incomprendidamente lleno de soledad y cal.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El dolor de la necesidad

Las calles revientan de gente angustiada por llegar a su destino.
Los caminos se entrelazan y bifurcan haciendo líneas en el pavimento...
Los hombres caminan como máquinas malogradas de tanto uso;
los autos contaminantes de la urbe agitadamente encendida
desesperan por adueñarse de las calzadas...
los perros callejeros buscan un pedazo de tierra caliente
donde reposar sus cuerpos esqueléticos...

Un infante de mirada triste, sube a una autobus con la intención de vender sus productos,
siente la indiferencia de la gente.
Se para tambaleante en medio del bus,
saca del bolsillo de sus pantalones rotosos una bolsa de caramelos.

Los rostros que lo rodean no se conmueven por la presencia del muchacho,
lo ignoran, siguen absortos en sus conversaciones y en sus sueños al borde de la ventana.

Pasa por cada uno de los asientos y la mayoría ni lo mira,
algunos logran alcanzarle un par de monedas,
suplantando la falta de atención de los demás.

Baja del bus... mira y cuenta las monedas guardadas minutos antes en su bolsillo.
Mientras avanza por las calles sucias y percudidas...
deja escapar una tenue sonrisa por el pequeño monto obtenido aquella mañana.
El niño camina con rumbo fijo. Cambia todo lo recaudado por algunos pedazoz de pan.
Retoma el rumbo apresurado...

De pronto se oye un grito estrepitoso...
los transeúntes voltean hacia un lado de la calle y sus rostros delatan espanto.

En la calzado ruedan cuatro panes hacia el vacío mientras el niño,
se pierde entre manchas rojas y pasos sinuosos de gente alborotada
y a la vez acostumbradaa ser testigo de instantes de terror.

CAYE MIRANDA

Para el hombre sin nombre

Llevo la mirada al fin del mundo y pienso,
que el respiro forzado de la tarde
estuvo tristemente solo, sin paz y sin brillo,
que tu ausencia me tocó hond0,
y tu par más allá de la muerte,
hizo volar mis laberintos de sinapsis efervescentes,
buscando así... un sexo caliente y sin nombre,
donde los puntos convergentes de dolor y olvido,
se unieron en un cuarto de hora dominante y apresurado,
en donde el tiempo y los hechos no tienen nombre ni apellido.

CAYE MIRANDA
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