Llevo la mirada al fin del mundo y pienso,
que el respiro forzado de la tarde
estuvo tristemente solo, sin paz y sin brillo,
que tu ausencia me tocó hond0,
y tu par más allá de la muerte,
hizo volar mis laberintos de sinapsis efervescentes,
buscando así... un sexo caliente y sin nombre,
donde los puntos convergentes de dolor y olvido,
se unieron en un cuarto de hora dominante y apresurado,
en donde el tiempo y los hechos no tienen nombre ni apellido.
CAYE MIRANDA

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