domingo, 12 de febrero de 2012

Estrellas reventadas


La mar de tus recuerdos se proyecta en tus ojos tibios de dolor.
Tu silencio profundo desangra los gritos de mi existir.
Tu luz cósmica derrite el último suspiro del amanecer fugas y lleno de estrellas reventadas por el tiempo.
Soy más que tu diosa, soy divinidad hecha de barro y abundancia, donde se esconden todos tus delirios etéreamente estridentes.
La mar de tus sueños se aleja de mi orilla, y tu soledad camina hondamente sobre los vestigios de civilizaciones muertas por el desamor, jamás por el olvido, jamás por la ignorancia de tu piel, sino por la memoria de tus actos ahogados en cobardías de placer.
Mi matriz sangrante desea parirte por segunda vez.
Descocer la cicatriz de tu alumbramiento y dejarla secar al sol de tu mirar.
Quiero ser la sangre coagulada que patea la herida abierta,  y que tus manos nunca dejen de arañar el mundo hostil, que delira febrilmente por la muerte de tus espejismos.
Me asusta ver algún día la decepción de tu vida, de tu obrar, de tu no actuar, de tu siempre callar.
Me envuelves sigilosamente en tus formas aterciopeladas de placer.
Tus mundos me alquilan un espacio en mi epitafio.
Las higueras de viento septentrional dibujan olas en el espacio, sabiendo de donde partir, pero nunca donde llegar…
En vano es anunciar mi partida, porque ni siquiera has notado mi llegada.
En vano es entonar un nuevo salmo de placer, porque hasta las bacantes saben llorar de amor.
El regodeo endiosado espera un nuevo vestigio en el sumidero de gemidos.
Tu recuerdo me llama solamente los días de castigo.
Son más de cuatro vidas las que he pasado esperándote, para que solo me regales un instante de delirios al borde de la tarde ciega en devoción.
Te olvido por el simple hecho de hacer un mayor esfuerzo por recordarte.
Te deseo cada madrugada insomne donde mi cuerpo es solo un enigma que te ayuda a descifrar aquella obscuridad, que nadie ha podido interpretar.



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