El amanecer del viento se durmió
Las sombras
de tu cuerpo sin pecado
Se pasean
por la garganta del destino mundano
La distancia
se acerca y me reta
Medito en
tus quimeras y no me salvo del castigo
Los lunares
de tu cuello me abrazan
Me aterra
descubrirme pensando en que no me quieres
Y me
sermoneo con verbos oxidados de razón
La locura me invade
Y mi ombligo
no entiende que no le temes
Mi cuerpo se
esconde en cada sombra
La magia de
tus llantos oprime mis incendios
Me corroe
lava por el drenaje de mi órgano
El sueño se
rehúsa a despertarme
Y mi vientre se transmuta de placer
Aparezco en
tu vida y me corro de tus sueños
Tu miembro
erecto es vida cotidiana de mi obscuridad
Partes de mi
cuerpo impregnado de demencias
Embriago a
mis dilemas
Y mis
espejismos se convierten en ojeras de tu ausencia
Mi tumba
conocida espera la visita de mis discípulos
Soy La diosa
de la tierra fecunda
Y me deleito
amarrando tu carne a mi cicatriz de fuego

2 comentarios:
Esta buena la fuerza en las palabras, como vas mostrando la plenitud del goce. El verbo es la piel.
LA PIEL SIENTE TODAS LAS ANGUSTIAS QUE SE COSEN A LOS SENTIDOS
Publicar un comentario